martes, 16 de julio de 2013

¡Luz, cámara y reseña! Por Fari Rosario

¡Luz, cámara y reseña!
Por Fari Rosario

¡Luz, cámara y reseña! Hablemos de reseña… Alguien dijo hágase la reseña y comenzaron a nacer las palabras, los pensamientos y las intuiciones, nacían y de repente caían como flores de amapola. Y pensar y sentir que un oscuro poeta del Cibao le escribió una bella canción a la negra Pola. Ay, la negra Pola! Será porque la palabra es oscura y espesa como la noche y así engendra limbos, demonios, demiurgos y legiones de sirenas que mantienen en vilo a las ciudades y a los hombres que las habitan.
La re-seña es volver a la señal, a la huella, a la indicación primorosa, al escenario que es motivo de asombro y admiración. Es como volver a mirar el dorso de la mano, ver que el reloj marca las cinco de la tarde, en cualquier momento entrará el profesor, trajeado y planchado, a lo mejor con una flor en las solapas de su frac. Sí, entrará y se anunciará con su voz de pedagogo y su filing de actor. Lo cual no es piedra de escándalo sino chispa, fuego de miradas y empatías verbales, pues como ustedes saben así son los profesores modernos.
Pues bien, el reloj se desangra en el aula 214 y mis compañeros comienzan a fustigar la memoria de Vossler. A lo mejor dirá, el pobre, en su limbo espiritual, ¡pero qué dicharacheros son estos muchachos y qué mal tratan mi doctrina!
Hilsdorf, Vossler

Así es como toman la palabra varios sibaristas con aire de pedagogos y exégetas de la ciencia: Ángela Caba, Marcial (a veces con voz suave y en otras con tono marcial), Haideé, Fari, entre otros. Todos comentan y desmenuzan el pan de Vossler, o sea, su visión del lenguaje como energía, como actividad creadora con carácter espiritual y no como producto. Todos se mueven, jadean, replican, refutan, se quejan.
De repente aparece una nube, no es una amenaza de lágrimas sino de catarsis colectiva, extendida y hasta flexiva. Alguien se queja de que no ha visto a Chaplin, mejor dicho de que en todo su rodaje y actuación no le han permitido saborear el suculento plato y las delicias de Saussure y de Chomsky. Se suman otras voces con el mismo sentir, dicen: se está acabando la película y no hemos ido a la fuente, no hemos leído a los dos maestros del pensar, del filosofar y el lenguetear. Las horas pasan como pasan las escenas sigilosas de un solo plano en el interior de una vieja casa. Cae la noche, descienden las voces y el escenario está más calmado. ¡Al menos eso pensamos!

Ferdinand de Saussure
De nuevo aparece el profesor, trae un texto en la mano, una sonrisa en los labios, y casi en secreto nos invita a entrar en los espacios y el laberinto de la lógica para cortarle la cabeza a un monstruo y demostrar así que el laberinto y el monstruo son equivalentes, tautológicos, lo que hace la diferencia es la forma o el modo de acercarse…… Como imaginarán estamos viviendo otra escena de la misma película pero ahora la cosa es más intensa, agobiante, crea incertidumbres infinitas.


Un silogismo. Cuatros escenas que parecen un negro escarabajo; nos han dado unos minutos para ensayar, sí, y luego una sola masa a los pies de cuatro textos y muchos sujetos pensando, murmurando, rascándose el casco, calculando cifras con lápiz –a  veces con calculadoras– cantando y al mismo tiempo maldiciendo la complejidad topografía de la ineludible modernidad lingüística.  

Al final, todos corren al encuentro del monstruo, todos quieren abrazarlo y besarlo, simplemente quieren comprender la película y el lenguaje que une a todos los actores del mundo más allá de silogismos, de los teoremas conceptuales y del misterio de las palabras. Silencio. 
©Fari Rosario

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