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lunes, 15 de julio de 2013

Presentación de la novela EL MISTERIO DE LA CORBATA VERDE de Manuel Salvador Gautier, por Fari Rosario

Presentación de la novela
EL MISTERIO DE LA CORBATA VERDE de Manuel Salvador Gautier
Por Fari Rosario


Hubo un tiempo en que el hombre andaba desnudo, peludo y andrajoso. El hombre luchaba cuerpo a cuerpo con los monstruos de la necesidad y las leyes implacables de la sobrevivencia. Esa lucha se remonta a la génesis misma de la palabra, a la extensión y el eco retumbante de los gritos guturales del hombre en medio de las cavernas, cuando la desolación nublaba sus ojos y el trueno escindía su sombra; ese hombre quizá solo buscaba erguirse sobre sus pies y expresar su soledad, sus miedos nocturnos a la intemperie. Para entonces el hombre no usaba corbata, ni chequera, ni pistola, ni conexiones inalámbricas ni androides sofisticados como los que conocemos hoy, pero el hombre ya sabía, por mero instinto animal, que tan solo sobrevive el más fuerte, el más temido, el poderoso.
Con el paso del tiempo, el hombre se dio cuenta de que precisaba de estrategias y mecanismos severos para preservar su territorio, su parcela, sus caballos y sus tesoros; hizo otro tanto para cuidarse del fisco y sus imposiciones inclementes, y es así como surgen la milicia, la policía, los guardianes, los escuadrones, los detectives y los mafiosos.
El misterio de la corbata verde, la novela que hoy presentamos de Manuel Salvador Gautier nos pone en contacto con el telar variopinto que conforma la modernidad con sus realidades perversas e sus iniquidades: el secuestro, el simulacro, el engaño, las agencias y lar argucias de la inteligencia y el asesinato por encargo. Todo se vale y tiene valor en la variopinta sociedad moderna.
Con esta novela, Gautier amplía su repertorio de novelas publicadas que comenzó con la publicación de Tiempos para héroes, una tetralogía dio a conocer en 1993, y reconfirma su talento innato para fabular, para tejer historias auténticas y su poder para transformar la realidad a través de la ficción y la imaginación.
El argumento de esta historia, con atmósfera policía y detectivesca, se resume en pocas líneas: narra la historia de un viaje de negocios de un hombre entrado en edad, Ernesto Ulrich, que no oculta su hazaña de haber servido y defendido los intereses de Trujillo. Él era un coleccionista empedernido de corbatas italianas. Mientras caminaba por una de las calles de Nueva York vio una corbata verde que le llamó mucho la atención, volvió por ella días después pero ya no estaba. Al ver a un hombre que lleva una corbata verde puesta, decide seguirlo pues entiende que esta es la persona que se le adelantó en la compra. A partir de este hecho se revela una inesperada trama de una banda de terroristas que busca secuestrarlo para robarle un millón de dólares y al mismo tiempo que buscan, desesperadamente, una clave para apropiarse de los millones de dólares acumulados por Rafael Leónidas Trujillo en un banco de Suiza.
Lo primero que llama la atención de esta novela es su carácter intrigante, su carácter policial y desafiante. Quien conozca la producción novelística de Gautier sabrá que sus historias están inspiradas en hechos históricos, en pasajes nacionales y patrióticos, en luchas espirituales e intuiciones poéticas. Esta novela por tanto es una visible ruptura; la novela como tal no solo nos revela dimensión nueva de los acontecimientos en el mundo sino del autor, Doi Gautier.
La novela está montada con la descripción de dos objetos fetiches, como los llaman los estudiosos de la novela. El primero es la corbata, sobre la que nos dice el personaje narrador: “No me imaginaba poniéndomela. Solo quería poseerla, como el coleccionista que soy. Tener a mi disposición un objeto hermoso, que representaba la culminación de toda una tradición de diseño italiano en el área de ropa masculina”. El otro objeto, el segundo, es la descripción de un paño a colores, con una letra en idioma akateka que hace referencia a cuatro animales.
El ángel guardián del coleccionista parece ser su sobrino Gus, experto en jiu jitzu; mientras que el malo de la película es el supuesto Manuel Madorro y sus secuaces, lobos entrenados para devorar corderos.
La novela está socavada por una polaridad ideológica de un visible maniqueísmo, por la propensión y la justificación del signo metafísico de occidente (tal como lo denomina Henry Meshonnic), o sea, por el visible enfrentamiento entre el bien y el mal; entre la virtud y el vicio, entre los hijos de las tinieblas y la Luz.
La novela está narrada en primera persona; los recursos técnicos son simples, horizontales y con  personajes planos, pues lo que predomina es la hegemonía de la intriga y también el suministro y relativo dominio de la información. En ese sentido la novela contiene, a mi modo de ver, varios hallazgos. Expliquemos y maticemos:
1.      Estamos ante una historia de engaños, simulacros, de mercenarios y armadas inexistentes.
2.    La trama es original, auténtica, tejida de un modo azaroso e incidental, a golpes de sudor e imaginación se nos muestra la bandera de la causa noble frente al atropello y las perversidades de los malandrines.
3.    La intriga  que se mantiene hasta el final de la novela, se construye por ampliación topográfica y sucesión de datos. Aunque claro, el dato escondido aquí es la dimensión profunda del paño con los cuatro animales que describí anteriormente.
4.    Y finalmente, hay que destacar el vínculo o los vasos comunicantes entre Gautier y Junot Díaz. Pues los dos se dejan seducir por la realidad virtual, los juegos virtuales y los héroes de pantalla. Pero aún más: hay un hallazgo notorio y que hay que subrayar: el novelista trastoca la realidad virtual y la confunde la explicación de la lógica fría y vulgar que gobierna los hechos del mundo. En este sentido, nos dice el narrador: “Me había descuidado, no le di mantenimiento al dispositivo y el sistema no funcionó. Había calculado que sería como en las películas de James Bond, el Agente 007, con sus aparatos curiosos que funcionan automáticamente y le resuelven de una vez los problemas al agente”.
Estos hallazgos sostienen y fundamentan la narración de esta novela, aunque a veces se sienta brusquedad en el  salto de una escena a otra. 
La novela policial como género está dominada por la intriga y las pesquisas. En nuestro país, de hecho, son pocos, muy pocos, los escritores que han cultivado este género que es un desafío a la inteligencia y al modo de percibir de los sentidos. Nunca olvido la pasión que sentía Onetti por las novelas policiales al igual que Borges.  
El misterio de la corbata verde es una de las pocas novelas pertenecientes a dicho género donde el centro de la pesquisa no lo constituye la secreta topografía de un asesinato, sino que aquí el núcleo viene dado por el poder mismo que tiene la información y el lenguaje humano.
En definitiva, amigos y amigas, El misterio de la corbata verde es una metáfora alusiva a una realidad fría y macabra que pervive y convive con nosotros: me refiero al salto generacional, al  advenimiento y el predominio de realidades virtuales de hoy en día pero sobre todo nos muestra la atmósfera espiritual de una época, de unos hombres que ambicionan el dinero y el poder político.
 El foco temático de esta novela de Gautier no solo nos abre a una dimensión nueva de su producción sino que nos invita, en silencio, a una lectura que supone el acercamiento a una ineludible y terrible experiencia que vive Latinoamérica: el secuestro y la violencia sin escalas. Este es un tema vigente, actual, digno de análisis y meditaciones.
El novelista ha armado su universo ficcional y nos invita a mirar y a tocar, pues esa realidad vive con nosotros, como la vestimenta que tenemos guardada en nuestro closet para el día de la dicha o para el día de la inesperada desgracia.


¡Muchas gracias y buenas noches!

jueves, 16 de junio de 2011

Un intelectual no coge una yola, tan solo aprende a nadar en las aguas turbulentas del pensamiento

  
POR FARI ROSARIO

A José Alcántara Almánzar,
A Fausto Mejía Vallejo

Un intelectual, para mí, es esto: alguien fiel a un conjunto político y social, pero que no deja de cuestionarlo.
(Jean-Paul Sartre)

La  inteligencia es uno de los grandes capitales del hombre en la ilustrada era moderna. Hoy en día existe una concepción científica y cognitiva de la inteligencia, de su estructura, sus funciones y sus límites. De pronto estamos ante una visible y plausible estratificación de la inteligencia, donde destacan, por su rigor y efectividad, los valiosos aportes de la celebrada inteligencia emocional, de Goleman; los inestimables aportes de Piaget y la contribución de Minsky a la llamada inteligencia artificial. Y más aún, tenemos noticias de diez diversos tipos de inteligencias múltiples según los estudios recientes de Gardner. La idea que queremos apuntalar se resume así: la inteligencia no es un privilegio ni un tesoro de pocos, sino un desafío ante el mundo.
Explotar, describir y moldear la inteligencia es la pauta primera de toda vida intelectual.  Recuerdo que –mientras realizábamos los estudios superiores– uno de mis amigos me decía que un verdadero intelectual es biología pura, o sea, es orgánico, y con esto él estaba retomando una de las ideas esenciales de su admirado Antonio Gramsci.
El siglo XXI parece ser la antesala de un promiscuo muladar donde conviven en perfecta armonía los ecos del rumor prolongado, de la doxa (u opinión) abigarrada e intrascendente y un fuerte bardo de información y des-información que eclipsan los sentidos y la razón.
La vida intelectual de hoy se hace difícil, resulta ser cuesta arriba y onerosa. En medio del hacinamiento, del atosigamiento y las estridencias de la ciudad, el intelectual está como Pigmalión buscando el momento perfecto y el rincón para poder pensar y fabricar su entelequia discursiva. Más aún, vale acotar que el intelectual de nuestro tiempo debe afrontar otros problemas o desafíos:
1.      El intelectual de hoy debe filtrar o colar la información; nadar, al igual que el salmón, contra corrientes. Pues el Estado, el sistema imperante y sobre todo la fábrica de imágenes y films de Hollywood se han empeñado en mutilar la inteligencia, exaltando la mediocridad del individuo que de pronto es aplastado por fuerzas mayores e incontrolables. Después de Forrest  Gump (1994), la función de Hollywood ha sido exaltar la figura del idiota; aclamar sujetos con una inteligencia mutilada, individuos de corta visión que no saben cómo usar su inteligencia y que, por lo mismo, no pueden pensar más allá de su nariz. Esto ya había sido predicho por K. Marx, pero también resulta esencial y revelador el enfoque plural de la Teoría Crítica (Max Horkheimer, Adorno, Habermas y Marcuse). Este último enfatizó el sintomático hecho de cómo la juventud de los nuevos tiempos cada vez es más propensa a la masificación y al pensamiento unidimensional.

2.    El segundo problema es la fuga de cerebros al exterior o al extranjero. Este es un factor archiconocido, sobre todo en el contexto de los países subdesarrollados. Muchos hombres y mujeres con pasión por el estudio y la vida intelectual emigran al extranjero con el objetivo de estudiar y formarse académicamente. Pero con el tiempo se quedan, pues sienten en carne viva el temor de que al regresar a su patria no se le brinden oportunidades adecuadas y, peor aún, no tener un trabajo digno.    

3.    Tercero, un intelectual de hoy no debe bajar la guardia, o sea, debe velar y fortalecer a cada instante su espíritu crítico, aún cuando practique el espíritu ecuménico, cosmopolita o tienda al multiculturalismo. Tiene que buscar una verdadera apertura a la pluralidad de voces, discursos y corrientes sin olvidar el espíritu crítico y la ecuanimidad de pensamiento. La fórmula parece ser esta: cuestionarlo todo, incluso las propias ideas que uno emite o las  que uno tiene como más certeras o asentadas.

Las universidades de hoy no están cumpliendo su función. No solo estamos ante el innegable hecho de que no se estudia y no se exige como antes, sino que, peor aún, se tiende a dudar y sospechar de los individuos que explotan su inteligencia al máximo. Hoy el paradigma no es la excelencia sino la suficiencia. Por el contrario, se sospecha de los intelectuales, y esto es un lastre que viene desde la antigüedad. Pues como diría el pensador ya clásico José Ingenieros, no hay nada más atrevido y desmedido que la ignorancia. Pero digo, lo retomo: las universidades de nuestros tiempos no exigen ni insisten en que un profesional de estos tiempos debe ser un intelectual, es decir, alguien que usa la inteligencia a todos los niveles, que mantiene el espíritu crítico y arroja luz a los problemas y desafíos que agobian a la sociedad contemporánea en todos sus estratos. Es en ese espacio donde se debe adquirir y practicar la honestidad intelectual, no hay otro.
Un buen profesional no solo está comprometido con la verdad, sino también con la honestidad intelectual. Y el Estado, las instituciones educativas y culturales tienen el ineludible compromiso de inyectar y promover esta visión. Y esto es así porque es preciso desmantelar y desmitificar los sofismas, las falacias políticas, las ideas estériles en torno al progreso y el desarrollo sostenible, las ideas que no promueven la tolerancia, la igualdad y la apertura ideológicas.
Se cree erróneamente que el intelectual debe estar al servicio del Estado, o dicho de otro modo, que este es el Leviatán que siempre termina tragándoselo. Pero el mundo occidental tiene diversos ejemplos de gente que han mantenido viva la llama del pensamiento y que, no obstante, han testificado con sus ideas y con su vida, la pasión intelectual:
Paulo Freire, Ernesto Cardenal, María Zambrano, Ernesto Sábato, Eduardo Galeano, Jean Paul-Sartre, Albert Camus, Bertrand Russell, y nuestros ejemplos más cercanos y visibles son Eugenio María de Hostos y Juan Bosch.
Pues, hoy por hoy, sabemos que un intelectual es una atalaya –aunque viva en medio de las nieblas y de las adversas circunstancias que engendra el diario vivir. Un intelectual, por esencia, no es un ancilar, ni un funámbulo, ni un lambón de los gobernadores de turno que tienen el poder, ni un ser mezquino, perezoso, parcial y que se da a la tarea de defender sus intereses, su capilla y peor aún, de hacer –si lo así lo requiere la situación– una apología de la abyección, la ignominia y la infamia. Es un ser que no calla ante la miseria ni ante el crimen. No empeña su conciencia ni usa su inteligencia para tergiversar la verdad histórica o crear inseguridad y cánceres y patologías incurables. Esto solo lo hacen –y así lo confirma la historia de las ideas– los pseudointelectuales, los de pacotillas y los bufones de las cortes y los palacios.  
Ahora que hablamos de la esencia y el rol de la vida intelectual, valdría la pena citar a nuestro gran humanista Pedro Henríquez Ureña, cuando dijo: “Por encima del ideal intelectual está el ideal de justicia”. Esta es una sentencia real, lapidaria y que no tiene espacio para dilucidarse en los blanqueados escritorios de muchos intelectuales de nuestro tiempo y de nuestro país.
Pero sabemos que un hombre que piense y que se comprometa con las dimensiones de la existencia humana tendrá como única bandera la honestidad intelectual y como credo la justicia.
Vale decir o acotar que en la vieja y avanzada ciudad de Atenas, “libre” era quien tenía discurso y capacidad de dia-logar. Dicho en otros términos, quien ponía en marcha la maquinaria del logos, o sea, los mecanismos de la inteligencia y el discurso.
Hay que practicar la honestidad intelectual. Sí, por supuesto, hay otros tipos y manifestaciones de la misma: lo que concierne al terreno moral, laboral, civil o educativo, pero quizá la primera y la fundamental sea la intelectual. Pues el hombre, antes que todo, es una animal inteligente, un ser con cultura y con memoria de su pasado.
El mundo vive bajo un terrible estado de ensoñación, de hombres y mujeres alienados y atontados por la marca más chic, por la moda, el consumismo, el espectáculo y la superestrella con mayor grado de sexappeal, en fin, el telar de la apariencia y lo superficial lo embarga todo.



Nosotros debemos practicar y enseñar a nuestros alumnos la honestidad intelectual, comenzando con las citas de los autores para que aprendan a no plagiar las ideas de los demás. Así que los que ejercen la docencia superior deben evaluar con justicia y ecuanimidad a los alumnos, mostrándoles así la justa apreciación del conocimiento y la pertinencia de los comentarios y los juicios. Esto indudablemente fomenta la autonomía del sujeto, la creatividad, la libertad de pensamiento y la esperanza. Solo con una inteligencia abierta de par en par al acontecer del mundo puede ensancharse la educación, fomentarse el principio de la esperanza (como lo llamaba E. Bloch) y creer en las posibilidades del futuro.

lunes, 13 de junio de 2011

Revista Mythos. Entrevista con Fari Rosario

miércoles, 11 de agosto de 2010

HORROR VACUI

Si al menos el manantial de las palabras


                                         no se agotara ante este pasmoso abismo
donde caen mis ojos mis vísceras mi dolor
donde mi existencia se multiplica en el vacío
                   en el viscoso espacio de lo no dicho.

Y no hay palabras ni cifras
                    para desmitificar los caminos del destino
el ancho aguijón de la acritud y la pesada vigilia
                           y de la saliva que no redime
y he ahí a un hombre que permuta que muere
como un pájaro diminuto, herido.

      Y al final ese camino vuelve a empaparse de sueños
                                   y de la nostalgia de los días ametrallados
por la necesidad y el falso rito de las monedas
inquieto y trepidante un hombre
                       moviéndose como una hormiga
para conquistar un pedazo de pan y el mendrugo del alma
           con un verdadero hormiguero de larvas en el pecho.
Y es entonces cuando veo y siento
                                                  que mi angosto mundo
también crece se fermenta en los fecundos surcos
                                                               de la palabra y la creación.

La palabra estremecida

La palabra estremecida
                                                                          A la mujer, siempre a ti


Para ti no tendría tres palabras
sino la Palabra, alquimia de la piel…
Y toda palabra inolvidable comienza
                                                              con el movimiento de un río.
                De un río silente y soterrado
que se ramifica en tus labios,
en las dulces cascadas de tus pechos.

Para ti sería mi única palabra
el zigzag de los helechos, los movimientos lunares,
       el crujir de los trigales al despuntar el alba.
Para ti serían, en resumen,
todas mis razones de redención
                                   a flor de piel.

Para ti que eres mi musa, mi música,
mi tabernáculo donde se inmolan los hijos del deseo.

Y un antiguo murmullo se dilata, se fermenta con la noche
                       Éxtasis de dos, abandono, silencio,
          paraíso recuperado en las llanuras de tu vientre.
La palabra galopa en el huerto de tus ojos
en el húmedo costado, allí donde nace el himno
                                                     que estremece la carne
y que en silencio nos redime.

Lectura en plural sobre el camino

Hola, Joel. Disculpa mi tardanza.


La poética, uno de los libro fundamentales de H. Meschonic, fue traducido al castellano
por Diógenes Céspedes, puedes encontrarlo en la Trinitario o en Librería Cuesta.
H. Meschonic


¿Qué leer de la crítica? Pues hay muchas obras interesantes, actualmente me estoy leyendo La tentación de imposible, un ensayo de Vargas Llosa sobre Los Miserables de Víctor Hugo.
En ese mismo tenor, está su deslumbrante y notable obra La verdad de las mentiras, están todas en ALFAGUARA.
Víctor Hugo




En sentido general te comunico los títulos que más me han impactado:


-Italo Calvino, Seis propuestas para el nuevo milenio. Es lo más novedoso y revolucionario que he leído.
Ítalo Calvino


-Jean Paul Sartre, ¿Qué es literatura?
Jean-Paul Sartre




Michel Foucault, Ética y estética. 
Michael Foucault




-Mijail Bajtin, Estudio sobre la novela.
Mijail Bajtin




Octavio Paz
-Octavio Paz, El arco y la lira. Y todos los ensayos de ese monstruo de la cultura y el pensamiento.


-Los ensayos de Borges, todos. 




-Alejo Carpentier, Tientos, tiempos y diferencias
Alejo Carpentier




-George Steiner, Lenguaje y silencio, Pasión intacta. Y todos los libros de ese escritor.
Harold Bloom, El canon occidental.
Alessandro Baricco


-Alessandro Baricco, Las vacas de Wisconsin y el alma de Hegel. (Simplemente deslumbrante).


-Eugenio Trías, El canto de las sirenas, o cualquier obra de este autor.
José Ortega y Gasset


-José Ortega y Gasset, La deshumanización del arte.


-Y los ensayos sobre cine y cultura de Cabrera Infante.
Cabrera Infante




-Los ensayos de Alfonso Reyes, Pedro H. Ureña y Juan Bosch.


-Umberto Eco, Historia de la fealdad, etc, etc...


-Los ensayos literarios de MARTIN HAIDEGGER...


-S. Pitol, El arte de la fuga.




Gracias por la felicitación... Creo que hay que seguir trabajando, siempre se puede mejorar.

Abrazos,

Fari R
 




lunes, 23 de noviembre de 2009

FACTOTUM NOCTURNO en francés

Factotum nocturne



La nuit est une vieux arôme
qui fait galoper les doigts,
la supplication des mains
des mains qui frôlent
qui se dissipent dans le vent,
labyrinthe tiède de regards.

Ta chair est une porte, ouverte, majestueuse
comme le chuchotement des temples,
une réclame lumineuse au bord de la steppe
à mi-matinée.

M’enivre la lumière, la nuit qu’hébergent tes yeux
l’arôme de cannelle et de jasmin n’est pas suffit
pour exorciser ton ombre,
ta chair s’en va en incendiant
les chemins du désir.
Et je m’abandonne au don de ton parfum de terre vierge
au mysterieux va-et-vient
qui m’emporte jusqu’à la berge de la rivière où se délasse l’éros.



Traduccción : Claude Sainnécharles, Schleiden

viernes, 20 de noviembre de 2009

FACTOTUM NOCTURNO

FACTOTUM NOCTURNO

La noche es un viejo aroma

que hace galopar el tacto,

el conjuro de las manos

manos que se rozan

que se desvanecen en el viento,

tibio laberinto de las miradas.

Tu cuerpo es una puerta, abierta, solemne

como el susurro de los templos,

un reclamo luminoso al borde de la estepa

a media mañana.

Me embriaga la luz, la noche que albergan tus ojos

el aroma a canela y a jazmín no basta

para exorcizar tu sombra,

tu cuerpo que va incendiando

los caminos del deseo.

Y yo me abandono al don de tu perfume de tierra virgen

al misterioso vaivén que me lleva

hasta la orilla del río donde descansa Eros.

miércoles, 14 de octubre de 2009

La vuelta al mundo en una lectura


Por Fari Rosario

DESDE los tiempos más remotos, la lectura ha sido el eslabón primordial en la construcción y expansión de las culturas. Es por ello que, a finales del siglo XIX y comienzos del xx, se decía que el peso y la profundidad de una “civilización” estaban en relación proporcional a la conciencia y el dominio de la escritura. La lectura no solo nos introduce en el mundo, sino que nos permite tomar conciencia del devenir y la contingencia del mismo. Leer es un acto de libertad, y, quizás, el acto de libertad por excelencia.

Leer es volver al pozo, retornar al vientre de la transparencia y la alabada plenitud a través del logos. Es decir, a través de la palabra misma. En este sumergimiento silente se da la metamorfosis o la transformación que solo el hombre puede lograr por su capacidad de abstracción. Es allí donde podemos mutar (si no es que saltar o rumiar sean los verbos más adecuados) y descubrimos el esplendor de la alteridad, puesto que leer es siempre un encuentro con y por el otro. Un encuentro, de carácter dócil y ritual, con eso que llamamos imagen. La imagen es la piedra angular del sentido y lo multívoco.

¿Cuál es la naturaleza o el fin de este apartarnos del mundo, de repetir ese acto milenario que han ensayado todas las culturas y, por ende, de entregarnos al disfrute total de ese manantial de símbolos y de sentidos que nos transmite un buen libro? A veces, no obstante, la merecida profundidad del manantial llega a eclipsar nuestros ojos. La lectura es una lámpara mágica que nos permite ver y conocer mundos exóticos, hostiles, abigarrados. El plus cuam perfecto del espíritu humano no está en los cementerios ni en los templos pomposos de las religiones, sino en los libros.

La lectura, indudablemente, es la ventana para palpar y acercarse al dulce y fresco valle del conocimiento; es, por decirlo de otro modo, el “ábrete sésamo” en la vida intelectual de un individuo. Vale decir, en paréntesis, que la imprenta y el libro son la maravillosa conquista y la herencia que nos ha legado el mundo moderno. Pero no debemos olvidar, no obstante, que la modernidad se constituye a partir de una lectura seria de los laberintos más recónditos de la subjetividad del ser humano.

“Uno no es lo es por lo que escribe, sino por lo que ha leído”, decía el inmenso Borges. Y es que, en efecto, la lectura ensancha nuestros sentidos físicos y nuestras capacidades. Nos hace descubrir la perspectiva y la alteridad, pero, sobre todo, nos hace ver, al través de la introspección, la condición y los movimientos de nuestro ser en el mundo.

Friedrich Nietzsche afirmaba que para él era imposible concebir un mundo sin música; a veces, cuando uno está bajo el cálido manto de la lectura, va pensando: es imposible concebir un mundo sin libros, sin palabras y sin símbolos que nos desvelen el otro lado de la realidad. La paradoja de la lectura consiste en que nos sustrae del mundo a la vez que descubrimos su sentido y su misterio.


La lectura nos redime, nos hace libres, y he llegado a pensar que de por sí es la única escuela verdadera. Todos los grandes escritores han sido devotos de la lectura ávida y apasionada: desde Miguel de Cervantes hasta García Márquez. Quien se inicia en los difíciles menesteres –a veces más onerosos que menesterosos–, de la literatura debe ser consciente de la hegemonía y el papel que juega la lectura, no solo para los intelectuales o escritores, sino también para cualquier tipo de persona. Para ilustrar más la afirmación, veamos algunos datos o anécdotas.

Al caer la tarde, el adolescente Alberto Manguel se dirigía a la librería Pygmalion, en Buenos Aires, allí encuentra al viejo Borges –quien en la fase crucial de su ceguera–, le solicita al mozo que le leyese algunas páginas memorables. Pablo Neruda, confiesa que en los días y las tardes más solitarios de su lúgubre Parral, él se abandonaba a la sombra de un árbol a leer, durante muchas horas, a los grandes poetas.


Charleville siempre fue un lugar pequeño ante la inquietud y la ambición de Arthur Rimbaud. Un día descubrió que donde vivía, en el primer piso del edificio, había una biblioteca; así que cuando hacía alguna de sus fechorías, la biblioteca era el lugar para esconderse y entregarse al fascinante mundo de la lectura. Giovanni Papini, confiesa en sus inolvidables memorias que, mientras erraba por las callejuelas de Florencia —ataviadas por los copos de nieve—, con sandalias en los pies y con su capucha de color marrón, se escondía, en algún rincón cálido, con el fin de entregarse a la lectura.

Franz Kafka, cansado de las continuas recriminaciones y de la incomprensión de su padre, se recluía en un sótano: allí, en la soledad del aquel lugar, comenzaba a devorar las obras de Kierkegaard (otro espíritu solitario e indomable). Julio Cortázar, por último, tuvo una infancia enfermiza, así que muchas horas de su convalecencia en cama las pasó leyendo, sobre todo a quien fuera su escritor preferido: Julio Verne. Y esto, claro está, por mencionar tan solo algunos casos.

En suma, la lectura nos divierte, nos pone en el camino de la catarsis y la superación del espíritu ante un mundo acelerado y fragmentado; nos aparta del moho corrosivo que imprime la cotidianidad a su callado paso por nuestras vidas. De igual modo, es el instrumento para comprender el mundo y separarnos de la inercia y los límites de la barbarie.

En este tenor y con estos ímpetus plurales, TRIPLE LLAMA arriba a su cuarta edición. El objetivo de nuestra revista es aportar un granito de arena, para fomentar el abanico de posibilidades lúdicas que nos brinda la lectura, así como corroborar al ensanchamiento de la cultura del espíritu, tanto en Moca como en todo el ámbito nacional. En este número el lector podrá conocer y sintonizar con las nuevas voces de los jóvenes poetas: de ellos pende el futuro literario de este país. ¡Ojala que, con el paso del tiempo, esta publicación se convierta en una verdadera Zona de carga y descarga de conocimientos; aludiendo con esto último, a la revista que fundara Rosario Ferré, y que sirvió para transformar las letras y la literatura puertorriqueña de los años setenta y ochenta!

El hombre sin atributos



                                                                                           A Juan Bosch


Ese hombre que tú ves ahí

-con ojos de pájaro disminuido y con el rostro barnizado

por el sol y la miseria-

ese hombre es tu espejo y el linaje de tus huellas.

Ese hombre que ves ahí, tirado

se arrastra contra la luz, va sembrado miradas oblicuas

va escondiendo su filosa sombra

ante los negros contenedores de basura.

Ese hombre diminuto que tus ojos no alcanzan a palpar

mete su mano, con agilidad y con prominente astucia de roedor,

en los sacos de la vanidad sin fondo.


Hurga así, sin prisa alguna,

mientras las palomas se acercan con su

estertóreo parloteo y su arrullo

que no consuela la eterna sed y el hambre del desdichado.

Las palomas se acercan atraídas por el grano de arroz y de soya que,

milagrosamente se desprenden de la MANO del innombrable.

¡Qué otro nombre merece un HOMBRE sin rostro como él!

El, simplemente, las deja comer, no las espanta,

siente que en la mecánica de sus dedos va desgranando

un triste pensamiento:

“las palomas no ponen en peligro mi mendrugo”.

El sudor del hombre solo se conjuga en prosa…

y en prosa muere.


El hombre de la piel gris sigue hurgando en los negros contenedores

del Destino. Busca, suda y revuelve la basura que inevitablemente se mezcla con su aliento. (Toda la basura evidencia el Desaforado Consumo de la Ciudad) que aún no se redime ante la puerta del polvo.


(El Otro hombre asciende

mientras yo desciendo en el columpio del tiempo)…

el canto vuelve al río

como el eterno mito del círculo y el devenir.

Es entonces cuando desciendo de mi apartamento

Para comprar un poco de tabaco en la bodega.

Al abrir la Puerta veo al hombre gris

que ahora tu ves (sin pudor ni temblor como aconseja el protocolo).

Pero al chocar la oceánica mirada del granuja con la mía,

Retrocedo…

Cruzo el umbral y la calle sigilosamente

para que el hombre no se avergüence de mí.

CRUZO la calle rápidamente, deseando

voltear mi rostro de cien máculas pero

no lo hago para que César Vallejo y Sigmund Freud

no se avergüencen de mí y de ti.


Ese hombre que tú ves ahí, agazapado tras el muro

es la semilla que engulle el tiempo

y la piel sarnosa de la esperanza y el aire.


Fari rosario

martes, 13 de octubre de 2009

La condición humana y el discurso de la interioridad en Una Rosa en el Quinto Infierno, de William Mejía

Introducción

En 1911, el gran músico alemán Richard Strauss sacude el mundo con su notable ópera "El caballero de la Rosa": una obra con gran acento melódico, de carácter simbólico y de cierta complejidad técnica. Con dicha obra, Strauss quizá quería decirnos: el mundo no es una novela. -El mundo real o el diario vivir está socavado por el engaño, la infidelidad, la vejez, la mezquindad y las garras del poder. En suma, podríamos decir que la contingencia o cierto grado de menesterosidad corroen la existencia humana.

"El mundo no es una novela". Dicha frase revela la puesta en marcha de una lógica más humana y el intrincado modo de construir los límites de la verdad o la verosimilitud narrativa ante una realidad escurridiza, fría, plural e inabarcable por la razón. Paradójicamente la frase no fue puesta en la palestra pública por algún historiador o sociólogo especial, sino por algunos literatos o novelistas. Confieso que, curiosamente, encontré este irónico enunciado en dos literatos muy singulares: ambos con excelentes obras producidas que enriquecen el compendio de la literatura hispanoamericana. El primero de ellos, es el argentino Roberto Arlt, con su deslumbrante obra Los siete locos (1929); el segundo es William Mejía, con su maravillosa obra: Una rosa en el quinto infierno (2001). (En ambos novelistas es recurrente la frase: esto es así o asá... "no como sucede en las novelas". Como dije anteriormente, el enunciado, de modo dialéctico y con su fuerte carga sugerente, nos abre el camino hacia una lógica más comprensiva; nos hace tomar en cuenta la gravedad de la realidad contingente o macabra que permea la frágil condición humana, y que sólo es abordable a partir de la armonía y la interioridad del sujeto-en-circunstancias).


En ese tenor, queremos desplegar las pautas conceptuales ya mencionadas, con el fin de dialogar un rato y acercarnos, de un modo crítico, a la celebrada obra de William Mejía: Una rosa en el quinto infierno. Este acercamiento, bajo ninguna circunstancias pretende ser exhaustivo, pero sí riguroso, por lo cual creo pertinente resaltar tres aspectos en torno a dicha obra:


-Primer aspecto: La estructura de la novela.
-Segundo aspecto: El imaginario colectivo y la mitología dominicana
-Tercer aspecto: Los derroteros del poder y la tiranía: una compara-
ción narrativa.

Primero aspecto: la estructura de la novela

Todos ustedes conocen la trama de esta novela: si no la han leído, al menos la conocen por referencia de los exponentes que han pasado por aquí. El argumento de esta interesante novela se podría resumir en párrafo:
Rosa Hernández es una joven de clase humilde. En la escuela, el primer día de clases, conoce a Daniel, del cual se enamora. La relación amorosa no progresa, se ve interrumpida por la beligerante intriga y el chantaje por parte de su madre, quien quiere casarla con hombre de "apellido", con cultura y de fortunas. La presunción y la ambición de la madre hacen que Rosa elija el peor camino: casó con Ramón Gravelli, un extranjero de origen italiano. La insatisfacción latente en el corazón de la bella Rosa la hace caer en la infidelidad con Ángel Gravelli, el sobrino de su esposo. Pero "Ángel" es un mujeriego, un hombre mezquino que la llevará a corromperse y a prostituirse. En un cabaret de la capital comienza su más fuerte pesadilla: conoce allí a un corrupto militar, el coronel Pérez -alias Azote- que la posee, la maltrata y termina mudándola al Sisal de Azua. Allí, por azar del destino, se encuentra con su viejo y frustrado amor: Daniel, quien está prisionero en la cárcel.
Respecto a la estructura intrínseca de la novela, debemos decir que la historia no está contada en capítulos, propiamente hablando, sino en fragmentos. Dicha historia está contenida y condensada en el diario de Rosa Hernández. El dominio y los recursos técnicos del autor hacen que varios puntos de vista converjan en la historia, pero siempre se destaca el punto de vista de Rosa. Siendo la narradora una mujer, es notable y digno de resaltar, el dominio de la psicología femenina por parte del autor: William Mejía.


La novela según la modalidad del "epistolario" así como al uso de apuntes y viñetas corresponde a un tipo de novela muy estudiado y explotado en el siglo XX: dicho modelo ha sido denominado por los estudiosos con el nombre de "novela de la autoafirmación" o novela de búsqueda personal. Una rosa en el quinto infierno se desarrolla diversos planos espacio-temporales, mostrando planos yuxtapuestos y una sostenida focalidad ascendente. En esta obra se percibe un buen ritmo narrativo -no hay desmayos ni lapsus-, un lenguaje y una prosa poéticas, densa, así como el uso de elementos con bastante plasticidad y equilibrio emocional.


La obra, en definitiva, muestra un buen manejo del tiempo narrativo, construido a través de la difícil técnica del "remolino" y el "espiral". Esta peculiar técnica permite que el narrador vaya desarrollando, en términos de avance o retroceso, el foco tramático de la historia. Casi siempre, el autor se auxilia de una fórmula verbal que sintetiza los movimientos del personaje, o la tesis central que se desea comunicar. Vale decir que el empleo de dicha fórmula verbal en la novela, le da carácter simbólico, levedad, multivocidad, al mismo tiempo que inyecta dinamismo al horizonte narratológico, puesto que dicha fórmula se despliega en su anverso y su reverso. Para ilustrar lo dicho, basta leer el tercer momento (o capitulo tercero) el cual termina re-tomando la fórmula verbal con el cual comienza:

"¡Uno, dos tres, cuatro!" "¡Uno, dos tres, cuatro!" Y lo mismos números, envueltos en un barullo general: "¡Uno, dos, tres, cuatro!" "¡Uno, dos, tres, cuatro! (...) (Pág. 33)

Y el capítulo culmina con las siguientes exclamaciones:
Están ahí: "¡Uno, dos, un, dos!" El sudor brota en las espaldas inundadas. "¡Uno, dos; un dos!... ¡Pelotón...! ¡Alto!" Las piernas desmayadas hacen trabajosamente firme; el "¡Rompan filas, y que viva el jefe!", y los hombres desparramados, como las partículas que espantó el sol. (Pág. 43).


Maria de los Ángeles Fontela, en su tesis doctoral, titulada: "La novela de la autoafirmación", habla de varios tipos de novelas. Entre los tipos de novela mencionados, destaca la "novela lírica". Una rosa en el quinto infierno es una novela lírica. No solo por el buen ritmo, el lenguaje depurado y su indiscutible acento poéticos, sino también por el dominio de los derroteros psicológicos y el fluir más denso de la interioridad. Al respecto, el personaje Daniel (que por cierto es único personaje que emplea y maneja los diálogos) nos dice:

Después de tomar café y de oír otras de las historias de los Cofrades, seguimos caminando. El profesor [Pedro López] no despreciaba nada y me enseñaba cada interioridad. (Pág. 37)

Se ha dicho que el mérito de un novelista en el manejo de los personajes y la estructura orgánica de la historia que cuenta. En esta novela, W. Mejía muestra un extraordinario manejo de los personajes. Cada personaje está singularizado, dotado de un lenguaje y un cuadro emocional coherentes, además del fluir armonioso de la interioridad que se manifiesta a medida que se desarrolla la trama.


Por otro lado, es bien sabido que en el despliegue del intrincado discurso de los personajes, -que bien podrían encarnar múltiples sentimientos, tales como: rebelión, tristeza, fobia, perversión, infidelidad o locura. Si esto bien es cierto, también lo es el hecho de que el autor se desdobla en algunos de sus personajes ficticios, con el fin de comunicar su crítica a la sociedad en la que vive. Así pues, en la marginación, el maltrato y la perversión de Rosa Hernández por parte del coronel Pérez (alia "Azote") el autor está condenando y denunciando la corrupción y la mezquindad de los militares.


-Pero por que esto es así?
A mi modo de ver, esto obedece a dos razones fundamentales:
1. El escritor no es un observador teledirigido o un paciente; más bien es agente proactivo, un artista, un revolucionario que busca transformar la realidad y el mundo. En ese sentido, podemos decir que todo escritor o novelista es, en realidad, un revolucionario y la vez un humanista. (El novelista es un visionario o explorador del universo ).


2. En segundo lugar, a través del dinamismo intrínseco de los personajes, el escritor comunica su ideología y su particular visión del mundo. Al respecto Mikhail Bajtín, afirma en su estudio Teoría y estética de la novela
(pág. 150):

El hablante en la novela siempre es, en una u otra medida, un ideólogo, y sus palabras son ideologemas. Un lenguaje especial en la novela es siempre un punto de vista especial acerca del mundo, un punto de vista que pretende una significación social. Precisamente como ideologema, la palabra se convierte en la novela, en objeto de representación; por eso la novela no corre peligros de convertirse, sin el objeto, en juego verbal. Es más, gracias a la representación dialogizada de la palabra plena desde el punto de vista ideológico (en la mayoría de los casos, actual y eficaz), la novela facilita el esteticismo y el juego verbal puramente formal que cualquier otro género literario.

Esta preocupación por el ser y la existencia humanas, ese punto de vista especial o ese grito humano que se niega a callarse o extinguirse es William Mejía que, como autor y través de diversos personajes, hace una crítica mordaz contra los mecanismos macabros e inhumanos empleados en las cárceles, en especial en la Cuarenta y el "quinto infierno", como se le llamaba a la cárcel del sisal en Azua. En la página 63 nos cuenta:

Sin más ni más, me empujó prácticamente hacia un cuarto en donde tenían a un prisionero, el cual lucia en total abstracción. "Hay orden de apagarlo -dijo el colega-, pero ni yo me atrevo." "Por qué", le inquirí. "Es poeta -me dijo-, y escribió un libro de ese asunto sin dedicarlo al jefe, y al preguntarle, dijo que no se acordó de ello para hacerlo." Al terminar la explicación, el tiro estaba dado, y el hombre se aferraba de mi pistola, moribundo. Los poetas son peligrosos para cualquier gobierno, pues hablan en clave y dicen hacerlo por todos.

Segundo aspecto: El imaginario colectivo y la mitología dominicana

La novela de William Mejía es, en strictus sensus, un texto abierto, polisémico. El ínter-texto se construye a través del devenir biográfico de Rosa Hernández, y su vinculación directa con las peripecias del mundo que la rodea. Este mismo horizonte intertextual abre paso a la "architextualidad", (o las múltiples lecturas del texto) donde cobra un valor especial el mito y los valores de un individuo. Así, por ejemplo, en las páginas 19 y 20 aparecen reseñado el "mito de la marimanta" o la-mujer-de-las-palomas, entre otros. Uno de los hallazgos y de los meritos más notables de la novela en cuestión, es el modo de plasmar, de una manera sorprendente, el fetichismo, la mentalidad y el universo de creencias del hombre dominicano. Y efectivamente, la tenacidad de un escritor y la trascendencia de su obra está en la concreción orgánica; es decir, en el modo que encarna el alma, la idiosincrasia y la mitología de un pueblo. En Una rosa en el quinto infierno, William Mejía supo atrapar y sintonizar el ser espiritual y el imaginario más profundo de los dominicanos. Señalemos, por poner un ejemplo, el fenómeno de la brujería y los amuletos personales. En la página 27 podemos leer:


Después de la tradicional gallina degollada y de la observación de la sangre y de mis ojos, el individuo me entregó un amuleto y me dijo: "Con este objeto usted estará resguardado, si no se le ocurre nunca apeárselo de encima... Con éste sobre el cuerpo, sólo Dios y yo podremos matarlo alguna vez." Por si las moscas, como decía mi abuelo Eliseo, al terminar el rito le metí la bayoneta hasta donde le cupo más, para que solo Dios se las viera conmigo a partir de ese momento.

Ninguna fabulación, por incisiva o maravillosa que sea, escapa al mito de la cotidianidad, Es allí, donde tienen origen y zarpan hacia mejor puerto todas las grandes empresas del espíritu humano. Este connotado periplo cotidiano no solo encarna los avatares de carácter histórico o social, sino también las manifestaciones del miedo, fobias, y todas clases de frustraciones.


Así el discurso narrativo de Una rosa en el quinto infierno, sin extravíos y remilgos literarios, vincula a un personaje ficticio con una escena histórica y dolorosa: me refiero a la matanza de los haitianos de 1937. Así, pues, el discurso de la susodicha novela entra en contacto con el registro de la architextualidad imaginaria que configura y posiciona toda la obra. Uno de los personajes, dice en cierto momento, (pág. 28):

Pero no crea que mi primera responsabilidad de sangre fue con este familiar manchado. No, señor. Donde me bauticé realmente en cuestiones de muerte fue cuando el generalísimo Fefén ordenó sacar del país, como fuera, a esos vecinos que por los lados de la frontera eran ya casi más que los de este lado. A mí me tocó aplicar la regla en Palma Dulce. Fue allí donde mi bayoneta conoció por primera vez la carne humana, y yo, también.

Desde aquello fuimos amigos Casilla y yo; pues los dos compartimos la original competencia de enganchar gente en las bayonetas, con tanto tino, que uno se encojonó y me encajó su machete en el muslo derecho, de lo que derivó la cojera permanente.

La realidad plural, orgánica, en la que se mueven los personajes (como queriendo proferir su historia en la historia creada y contada por W. Mejía) expresa cierto contrapunto de fantasías, y el ciclo reversible de la mitología caribeña que cala sobre la espalda de la idiosincrasia latinoamericana.


El novelista, con ínfulas de buen escritor y observador, no es ajeno a esta realidad: más aún, la formula estéticamente y decide testimoniarla como un elemento fecundo, simbólico y con resonancias telúricas. En su primera novela William Mejía logró engarzar los derroteros de esa realidad típica y genuina. A la postre, estamos ante una realidad difícil de asir, y dicho sea de paso, difícil de apreciar en la narrativa banal y Light de nuestro tiempo. En la página 36 podemos leer:

Nos refirió luego que la oralidad da noticias de que allá por sus años primigenios la diosa indígena Atabex se perdió entre las aguas de una fuente, mientras peinaba su cabellera de inmensa noche. Mucho más tarde, al llegar los españoles, un joven curandero, que huía de sus perseguidores se tiró a esa fuente, y los soldados se quedaron esperando inútilmente que asomara la cabeza. Se cuenta que cuando trajeron a los esclavos africanos, el primer castigo aplicado fue ahogar en la fuente señalada a un negro bantú que se resistía a ir a las minas, y lo sepultaron en agua con su tambor como yugo, para escarmiento de los otros. Desde entonces, aseguran los montoneros que aparece de vez en vez, en varias fuentes naturales, una indígena peinándose o un aborigen haciendo sus ritos mientras camina por las aguas. Afirman además haber visto en la ribera de cualquier manantial a un negro muy negro que toca con su tambor atravesado sobre la nuca, y el canta, al compás de la desaparecida calenda. Nadie sabe cual es, pero uno de ellos, o los tres, es hoy el Dios del Agua para sus creyentes.

Tercero aspecto: Los derroteros de la tiranía y el poder: una comparación narrativa

La verdad es que hemos entrado, sin reticencia alguna, al provocativo Circo de la Tecnología! Somos monos transitando las calles de la "aldea global" en el trueque continuo de nuestras monerías tecnológicas... Marshal Mc-Lughan y Charles Babbage, allá en el cielo, deben de estar riéndose de nuestras modernas monerías. Traigo esto a colación, porque Cervantes o Stendhal, ¡jamás pensaron en la posibilidad de interactuar con los lectores de sus obras a través de un espacio virtual!


He aquí, la evidente muestra de cómo la utopía tecnológica del hombre ha avanzado por insospechados senderos. Estamos ante el debate digital sobre la novelística y la exitosa trayectoria del colega escritor William Mejía.


Cuando leí Una rosa en el quinto infierno, de W. Mejía, supe que estaba ante un escritor de largo aliento, de gran potencial creativo y sobretodo, conocedor de la técnica depurada y el estado dialógico en que se mueven los personajes de una novela. De modo que me gustó esa obra, y en tal, la valoro por su lenguaje fluido, por su peculiar acento poético y por el periplo vital, -que implica el conocimiento psicológico de Rosa y los personajes-, así como por el enfoque del Poder y los desafueros o extravíos de la pasión humana. No sé si por azar o por alguna asociación inexplicable de enmarañada conciencia humana, al finalizar la lectura de esa obra me vino a la mente El Mocho, la novela del chileno José Donoso, considerado una de las figuras claves del boom latinoamericano.


A mi entender, no hay influencias directas, pero no cabe duda de que existen elementos comunes en estas dos novelas. El elemento más común o primordial es el enfoque de los mezquinos derroteros del poder, el autoritarismo (tanto de los personajes: coronel Pérez [Mejía], como de Antonio [Donoso]); la prostitución (Rosa [en Mejía], la Bambina [en Donoso]). Otro elemento común, es el abuso y la violencia por parte Ángel contra Rosa [en Mejía], y de Antonio contra su hijo Toño [en Donoso]. Casualmente este último elemento, tan común en la idiosincrasia latinoamericana, aparece también en la novela más reciente de W. Mejía: Estrella. Para percatarse de esto basta leer el párrafo número cinco de la susodicha novela, en la página ocho.
¡Salve, colega William en tus 30 años haciendo quijotadas para la literatura dominicana: este pueblo, que a veces solo piensa con la barriga, tarde o temprano te lo va a agradecer!

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P. S. Conferencia leída el 10 de marzo de 2008
Durante el Encuentro Crítico sobre la literatura de William Mejía,
San José de Ocoa, R. D.-
http://widameca.obolog.com/condicion-humana-discurso-interioridad-rosa-quinto-165820